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MARCELA FILIPPI PLAZA

  • DESPUÉS DE LAS BATALLAS/DOPO LE BATTAGLIE

    data: 07/03/2019 18.15

    de/di Santos Domínguez Ramos (trad. Marcela Filippi)

    La luz que ordena el mundo después de las batallas
    nace en los manantiales,
    viene al jardín del sueño, al fondo de la casa,
    de un íntimo universo.
     
    De las hierbas amargas que bordean el camino
    y asedian la penumbra silenciosa
    del interior del bosque con la voz encendida
    de los cuentos de invierno, donde la luz se enfría
    sobre el rito mecánico de un animal doméstico
    que hiere de misterio con sus ojos azules.
     
    Un caballo de sombras
    sube desde la alberca de un tiempo de cristal,
    del goteo de las horas
    sobre la fragua negra de la noche.
     
    Sube desde la alberca
    y va a la transparencia del aire y la campana,
    al valle en donde crecen
    los árboles sagrados que limitan el bosque.
     
    Se para en la frontera del barro y de las sílabas,
    en la raíz del mapa que traza la memoria
    con luna y con arena.
     
    Y al borde de la copa donde giran los astros 
    con su preciso ritmo esférico y sus números,
    como el ángel barroco de la niebla
    cruzará la llanura, la sembrará de plata,
    de hierba y de palabras que dirán la materia
    oscura que ahora somos.
     
    Bajo la noche cóncava respirará la angustia
    con pulsación secreta, con ritmo de oleaje.
    Ceniza o confusiones que trae la luz de enero
    después de las batallas.
     
    Y respira en silencio un pájaro de nieve.
     
    La luce che ordina il mondo dopo le battaglie
    nasce nelle sorgenti,
    viene al giardino del sogno, sul retro della casa,
    di un intimo universo.
     
    Dalle erbe amare che fiancheggiano la strada
    e assediano la penombra silenziosa
    dell'interno del bosco con la voce accesa
    dei racconti d'inverno, dove la luce si raffredda
    sul rito meccanico di un animale domestico
    che di mistero ferisce con i suoi occhi blu.
     
    Un cavallo di ombre
    sale dalla vasca di un tempo di cristallo,
    dal fluire delle ore
    sulla fucina nera della notte.
     
    Sale dalla piscina
    e va verso la trasparenza dell'aria e della campana,
    alla valle dove crescono
    gli alberi sacri che limitano il bosco.
     
    Si ferma nella frontiera del fango e delle sillabe,
    nella radice della mappa che traccia la memoria
    con luna e con sabbia.
     
    E sul bordo del calice dove ruotano gli astri
    con il loro preciso ritmo sferico e i loro numeri,
    come l'angelo barocco della nebbia
    attraverserà la pianura, la seminerà d'argento,
    d’erba e di parole che diranno la materia
    oscura che ora siamo.
     
    Sotto la notte concava respirerà l'angustia
    con palpitazione segreta, con ritmo ondoso.
    Cenere o confusioni che porta la luce di gennaio
    dopo le battaglie.
     
    E respira in silenzio un uccello di neve.
     
     
    (del libro “Las sílabas del tiempo”)

  • MI DESTINO SUDAMERICANO: EL ÍNTIMO CUCHILLO EN LA GARGANTA

    data: 20/01/2019 10.17

    IL MIO DESTINO SUDAMERICANO:L’INTIMO COLTELLO IN GOLA

    del Prof. Freddy Castillo Castellanos
    (traduzione Marcela Filippi)
     
    Al fin me encuentro/con mi destino sudamericano, dijo famosamente el doctor Francisco Laprida, en un célebre poema de Borges.De los numerosos estudios y ensayos que ese poema ha provocado,tengo para mí al de Juan Liscano como el más vivo y entrañable. Una vez, en la costa vasca francesa, nuestro poeta tuvo un sueño que le causó tanta impresión, que decidió transcribirlo de inmediato. Esa semana había recibido de la prestigiosa revista Cahiers de l’Herne, la invitación a colaborar en el número que esa importante publicación francesa le dedicaría a Borges. Cuando intentó iniciar el artículo, no pudo avanzar, y optó entonces por leer de nuevo el Poema conjetural. Al concluir la lectura,tuvo una revelación: su sueño había sido ese poema. Recordó las imágenes de un tal Laprade (no Laprida), francés, que cabalgaba un dromedario con rumbo a una pirámide, probablemente egipcia. Laprade y su cabalgadura caen en una fosa que se convierte en un río crecido. De pronto el sueño cambia de escena y aparece una gran mesa en la que se da un banquete. Los comensales son cuadros. En uno de ellos hay una fosa. Liscano, el soñador, se acerca y mira un medallón en el que está escrito Laprade. Levanta su mirada y le pregunta a un mesonero si allí murió Laprade. El hombre le responde que sí, con la cabeza. Liscano se despierta.
    No voy a glosar el magnífico ensayo del autor de Nuevo Mundo Orinoco, sino a decir, simplemente, que el Poema conjetural de Borges, soñado y releído por Liscano, le permitió asociar diversos ejemplos históricos del terrible encuentro entre la cultura y la barbarie. Tampoco voy a referirme a la presencia de Dante en un verso del texto borgeano. Sólo quiero decir que copiaré acá el poema de Borges, porque sigue vivo, resonando duramente en nosotros, venezolanos,frente a nuestro destino:
     
    Poema conjetural
    El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 22 de setiembre de 1829 por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:
     
    Zumban las balas en la tarde última.
    Hay viento y hay cenizas en el viento,
    se dispersan el día y la batalla
    deforme, y la victoria es de los otros.
    Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
    Yo, que estudié las leyes y los cánones,
    yo, Francisco Narciso de Laprida,
    cuya voz declaró la independencia
    de estas crueles provincias, derrotado,
    de sangre y de sudor manchado el rostro,
    sin esperanza ni temor, perdido,
    huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
    Como aquel capitán del Purgatorio
    que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
    fue cegado y tumbado por la muerte
    donde un oscuro río pierde el nombre,
    así habré de caer. Hoy es el término.
    La noche lateral de los pantanos
    me acecha y me demora. Oigo los cascos
    de mi caliente muerte que me busca
    con jinetes, con belfos y con lanzas.
    Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
    de sentencias, de libros, de dictámenes
    a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
    pero me endiosa el pecho inexplicable
    un júbilo secreto. Al fin me encuentro
    con mi destino sudamericano.
    A esta ruinosa tarde me llevaba
    el laberinto múltiple de pasos
    que mis días tejieron desde un día
    de la niñez. Al fin he descubierto
    la recóndita clave de mis años,
    la suerte de Francisco de Laprida,
    la letra que faltaba, la perfecta
    forma que supo Dios desde el principio.
    En el espejo de esta noche alcanzo
    mi insospechado rostro eterno. El círculo
    se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
    Pisan mis pies la sombra de las lanzas
    que me buscan. Las befas de mi muerte,
    los jinetes, las crines, los caballos,
    se ciernen sobre mí... Ya el primer golpe,
    ya el duro hierro que me raja el pecho,
    el íntimo cuchillo en la garganta.
     
    “Alla fine mi trovo/col mio destino sudamericano”, disse notoriamente il dottore Francisco Laprida, in un celebre poema di Borges. Dei numerosi studi e saggi che questo poema ha ispirato, tengo per me quello di Juan Liscano, perché è il più acuto e accattivante. Una volta, nella costa basca francese, il nostro poeta fece un sogno che lo impressionò molto e decise di trascriverlo immediatamente. Quella settimana aveva ricevuto dalla prestigiosa rivista Cahiers de l’Herne, l’invito a collaborare al numero che quell’importante pubblicazione francese avrebbe dedicato a Borges. Quando cercò di iniziare l’articolo, non poté andare avanti, e decise di leggere di nuovo il Poema congetturale. Conclusa la lettura, ebbe una rivelazione: il suo sogno era stato quel poema. Ricordò le immagini di un certo Laprade (non Laprida), francese che cavalcava un dromedario verso una piramide, probabilmente egizia. Laprade e la sua cavalcatura caddero in una fossa che si trasformava in un fiume in piena. All’improvviso il sogno cambiò scena e apparve un grande tavolo, dove si svolgeva un banchetto. I commensali, erano quadri. In uno di questi c’èra una fossa. Liscano, il sognatore, si avvicinò e guardò un medaglione in cui c’era scritto Laprade. Alzò lo sguardo e chiese a un cameriere se lì fosse morto Laprade. L’uomo rispose di sì, con la testa. Liscano si svegliò.
     
    Non glosserò il magnifico saggio dell’autore di Nuovo Mondo Orinoco, ma dirò soltanto che il Poema congetturale di Borges, sognato e riletto da Liscano, gli permise di associare vari esempi storici del terribile incontro tra la cultura e la barbarie. Nemmeno farò riferimento alla presenza di Dante in un verso del testo di Borges. Voglio solo dire che qui copierò il poema di Borges, perché è ancora attuale, e riecheggia in noi, venezuelani, duramente, di fronte al nostro destino:
     
    Poema congetturale
    Il dottor Francisco Laprida, assassinato il 22 settembre 1829 dai montoneros di Aldao, pensa prima di morire:
     
    Ronzano le pallottole nella sera ultima.
    C'è vento e c'è cenere nel vento,
    si disperde il giorno e la battaglia
    deforme, e la vittoria è degli altri.
    Vincono i barbari, i gauchos vincono.
    Io, che ho studiato le leggi e i canoni,
    io, Francisco Narciso de Laprida,
    la cui voce proclamò l'indipendenza
    di queste crudeli province, sconfitto,
    di sangue e di sudore macchiato il volto,
    senza speranza né timore, perduto,
    fuggo a sud verso gli ultimi lembi.
    Come quel condottiero del Purgatorio
    che, fuggendo a piede e sanguinando il piano;
    fu accecato e abbattuto dalla morte
    dove un oscuro fiume perde il nome,
    così dovrò cadere. Oggi è la fine.
    La notte laterale delle paludi
    mi accerchia e mi rallenta. Sento lo scalpitio
    della mia calda morte che mi cerca
    con cavalieri, con armature e con le lance.
    Io che anelavo di essere un altro, essere un uomo
    di legge, di libri, di giudizio
    a cielo aperto giacerò tra paludi;
    nondimeno mi divinizza il petto inspiegabile
    un giubilo segreto. Alla fine mi trovo
    con il mio destino sudamericano.
    A questa rovinosa sera mi conduceva
    il labirinto multiplo di passi
    che i miei giorni tessevano da un dì
    dell'infanzia. Alla fine ho scoperto
    la recondita chiave dei miei anni,
    la sorte di Francisco de Laprida,
    la lettera mancante, la perfetta
    forma che Dio conosceva fin dal principio.
    Nello specchio di questa notte mi perviene
    il mio insospettato volto eterno. Il cerchio
    si chiuderà. Spero che così sia.
    I miei piedi calpestano l’ombra delle lance
    che mi cercano. Le beffe della mia morte,
    i cavalieri, le criniere, i cavalli,
    aleggiano su di me ... Ecco il primo colpo,
    ecco il duro ferro che mi squarcia il petto,
    l’intimo coltello in gola.

  • IL SORRISO DEL POETA

    data: 17/12/2018 10.32

    Da quando l’ho conosciuto, nel 2012, non posso leggere la poesia di Domenico Cara senza associarla allo splendido sorriso da bambino che ancora conserva ai suoi 91 anni. Il poeta continua a farsi sorprendere dalla vita, e a illuminare con la sua parola le ombre silenziose. In una poesia del suo libro "Ciò che si scorge nella diversa macchia", tutti inediti che ho tradotto per Commisso Editore (2014), dice:"Il mio sorridere è allegria non finta". Non è solo il sorriso della sua allegria autentica, incarnata in quella magnifica opera che ha scritto, ma anche la sua amabile leggerezza, in cui l'unica regola codificata sono le buone maniere linguistiche con le quali affronta il mondo e le sue miserie, la sua grandezza e i suoi enigmi, rendendo verbo affascinante i suoi libri.

    Lontano dalle luci, con profondità priva di silopsismo, Domenico Cara ha scolpito una poesia simile alle nuvole che riferisce nella poesia già citata (In un paesaggio d'echi):

    "...nubi in riavvio/soffici e sospese in più parvenze terrestri".

    Tra ciò che è materiale e sacro, senza mai essere un semplice realista che descrive cose, né un devoto di essenze spirituali, Domenico Cara "si alza/per riscoprire l'equilibrio perso fra/oggetti e minutaglie di carne..." Credo che l'essersi collocato in un punto di conciliazione con la vita, ha permesso a Domenico Cara, di condividere il suo piccolo territorio di illusioni sotto il sole. La poesia che è anche corpo, è la sua vita scritta, e chi la frequenta ha il piacere di leggere una voce inconfondibile che ha questionato tutto, lasciando sul foglio il sapore di una saggezza antica molto rassicurante, insegnandoci anche il senso della misura, oggi così trascurato.
    Scrivo questo alla soglia di un viaggio, e lo faccio più dall'emozione che da una distanza letteraria e riflessiva. Lo faccio per onorare la sua opera e la sua amicizia, per me inestimabili. "Imparare ad essere libero è imparare a sorridere", ce lo ha ricordato in più di un'occasione Octavio Paz parlando di Cervantes. A Domenico Cara, custode di quella grazia, ringrazio la nobile lezione del suo sorriso da bambino e da poeta.
     
    Un mundo de 91 años
     
    Desde que lo conocí, en el 2012, no puedo leer la poesía de Domenico Cara sin asociarla a la espléndida sonrisa de niño que mantiene todavía a sus 93 años. El poeta sigue asombrándose de la vida e iluminando con su palabra las sombras silenciosas. En un poema de su libro Ciò che si scorge nella diversa macchia, publicado por Commisso Editore (2014), nos dijo: “Il mio sorridere è allegria non finta”. Y no sólo es la sonrisa de su alegría auténtica, encarnada en la magnífica obra que ha escrito, sino también una amable levedad cuya única regla codificada son los buenos modales lingüísticos con los que se enfrenta al mundo y sus miserias, su grandeza y sus enigmas, haciendo fascinante el verbo de sus libros.
    Alejado de las candilejas, con hondura pero sin solipsismo alguno, Domenico Cara ha labrado una poesía parecida a las nubes que refiere en el poema ya citado (In un passaggio d’echi):
    “…nubi in riavvio/ soffici o sospese in più parvenze terrestri”.
    Entre lo material y lo sagrado, sin volverse un simple realista que describe cosas ni un devoto de esencias espirituales, el poeta “si alza/ per riscoprire l’equilibrio perso fra/ oggetti e minutaglie di carne…”.
    Creo que haberse situado en un punto de conciliación con la vida, le ha permitido a Domenico Cara compartir su pequeño territorio de ilusiones bajo el sol. El poema, que es también cuerpo, es su vida escrita, y quien la frecuenta tiene el placer de leer una voz inconfundible que lo ha cuestionado todo, dejando sobre la hoja el sabor de una sabiduría antigua que tranquiliza, y enseñándonos también el sentido de la mesura, hoy tan descuidada.
    Anoto esto en el umbral de un viaje y lo hago más desde la emoción que desde una distancia literaria o reflexiva. Lo hago para celebrar su obra y su amistad invalorables. “Aprender a ser libre es aprender a sonreír”, nos recordó Octavio Paz alguna vez, hablando de Cervantes. A Domenico Cara, poseedor de esa gracia, le agradezco la noble lección de su sonrisa de niño y de poeta.
     
    La ventana del poeta/La finestra del poeta
    Para/Per il poeta Domenico Cara
     
    Así en esta inmensidad se anega el pensamiento mío:
    Y el naufragar en este mar me es dulce.
    Così tra questa immensità s’annega il pensier mio:
    E il naufragar m’è dolce in questo mare.
    (Giacomo Leopardi)
     
    Tu ventana tiene la vastedad del universo.
     
    Te imaginas libre
    en las infinitas cosas que pueblan tus ojos
    y tu memoria.
     
    Tu ventana
    acoge los primeros fríos
    los nuevos colores de las flores
    la nostalgia de los árboles
    el fuego sin llamas que violenta lo que vive.
     
    Te envuelves en tu mundo
    para comprender el nuestro.
     
    Que nunca te falte la alegría
    Que nunca te falte la tristeza
    Que nunca te falte la libertad de pensar.
     
    No es tiempo de callar aun
    dice tu ventana.
     
    Como notas musicales
    que salen de un piano
    tus versos jamás serán polvo.
     
    Detrás de tu ventana
    eres como un dios
    que no promete ni amenaza
    y llevas en la mirada
    el secreto de las rocas marinas
    que una vez fueron baba de volcán.
     
    Sentado ante tu ventana
    imaginas, como Leopardi
    espacios infinitos
    y el silencio de la eternidad.
     
     
    La tua finestra ha la vastità dell’universo.
     
    T’immagini libero
    nelle infinite cose che popolano i tuoi occhi
    e la tua memoria.
     
    La tua finestra
    accoglie i primi freddi
    i nuovi colori dei fiori
    la nostalgia degli alberi
    il fuoco senza fiamme che violenta ciò che vive.
     
    Ti avvolgi nel tuo mondo
    per comprendere il nostro.
     
    Che mai ti manchi l’allegria.
    Che mai ti manchi la tristezza.
    Che mai ti manchi la libertà di pensare.
     
    Non è tempo di tacere ancora
    dice la tua finestra.
     
    Come note musicali
    che escono da un piano
    i tuoi versi mai saranno polvere.
     
    Dietro la tua finestra sei come un dio
    che non promette né minaccia
    e porti nello sguardo
    il segreto delle rocce marine
    che una volta furono bava di vulcano.
     
    Seduto davanti alla tua finestra
    immagini, come Leopardi
    spazi infiniti
    ed il silenzio dell’eternità.
    ---------------------------------------------------
    Questo l'ho scritto il 27 settembre 2017 in cossasione del 91° compleanno di Domenico Cara.
    Io, per quanto piccolo tu mi veda, sono quel che sono grazie a lei, né sarei mai arrivato a tale notorietà e gloria -ammesso che esista- se lei non avesse coltivato con il suo nobilissimo sentire quel minuscolo seme di virtù che la natura aveva messo in questo mio petto.
                                                       (Francesco Petrarca-Secretum)

     Nella sua lingua poetica, i versi trovano una casa naturale, le emozioni hanno una sonorità delicata, evocano un mondo antico e sono, anche, perfettamente compatibili con i tempi di oggi. Nelle sue poesie il tempo si dissolve! Domenico Cara è per me un maestro di vita, e lo dico con affetto, con ammirazione, e con la convinzione che è difficile incontrare persone come lui; lui che vive il mondo fuori dal mondo, ma è anche così dentro al mondo. Il suo pensiero è per me un tempio di valori sempre in crescita, sempre in movimento, dove mi sono sentita accolta fin da subito. In lui le riflessioni sulla sofferenza sono sempre filtrate dal suo intelletto che le rende lievi, e il suo sguardo di mille occhi parla con una voce delicata e leggera. Quest’omino piccolo, dolce, sorridente, intelligente, sensibile (con lui i superlativi, in senso positivo, non sono mai superflui) è il più bell’universo che io abbia mai incontrato, e vorrei, oggi, nel giorno del suo novantesimo compleanno, abbracciarlo con parole di affetto, e fargli gli auguri, ma soprattutto, ringraziarlo per avermi accolto nella sua bellissima casa che si chiama poesia...A lui, una carezza come un delicato soffio di vento!

    N.B: la citazione tratta dal Secretum di Petrarca, la dedico ad Adriana, moglie di Domenico Cara, donna straordinaria, che ha cura di lui, e lavora perché la sua opera si mantenga viva. Anche a lei un saluto affettuoso!
     
    http://www.letterefilosofia.com/riscritture-cio-che-si-scorge-nella-diversa-macchia-domenico-cara/amp/